segunda-feira, março 24

EL HOMBRE Y LA MUJER TUERCEN LOS OJOS

La biografía nos abandonó.
La casa hinca los codos. Amueblar:
hacer sitio al tiempo.
Y por aquí,
ciudad amortizada,
como escamas de polen,
ciervos en las baldosas,
sábanas submarinas,
dados de sombra y juegos de la luz,
como un zoo de arrumacos desvalidos
la domesticación
devuelve al cuerpo un interés de res.

La noche es la caída de los justos al tacto
y el deseo nos salva del golpe de la dicha.

Un escondite en la palabra novia.
Del temor al adiós pasando por la elipsis.
Y ahí no cabe Freud.

Carlos PARDO

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