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terça-feira, setembro 28

Afganistán bajo el fascismo yihadista

En Arlington, cada ataúd norteamericano recibe en homenaje una salva de 21 cañonazos. Así lo hicieron con los últimos trece marines llegados desde Afganistán a finales de agosto de 2021. 

El presidente Biden, que había recibido compungido los féretros en la base de Dover, mintió después sin rubor al mundo: afirmó que la retirada de Afganistán significaba el «fin de la era de las grandes operaciones militares para reconstruir países». Ni siquiera reparaba en que Estados Unidos es el causante de la destrucción de Iraq, Afganistán, Siria, Libia, países cuyas ciudades han sido devastadas por los bombardeos norteamericanos. Biden no recuerda Faluya o Bagdad, ni siquiera la ciudad siria de Baghouz que él mismo ordenó bombardear, causando una matanza.

quarta-feira, novembro 4

Lógica para gánsters

 A la guerra comercial, iniciada por Estados Unidos contra China, ha seguido la guerra tecnológica declarada por el gobierno Trump, acompañada de hostiles gestos militares en los mares chinos que revelan la agresividad, y la inquietud, de un país que vaga sacudido por el miedo a perder para siempre el fulgor ya declinante de su poder. La retórica trumpiana, compartida por buena parte de los círculos del poder y del electorado más conservador, afirma que si China se ha desarrollado, alcanzando la paridad económica con Estados Unidos, ha sido gracias al esfuerzo norteamericano que ha comprado muchos de los bienes que produce China. El orgullo estadounidense no acepta que el desarrollo chino se debe al esfuerzo de su población y a una planificación que ha cambiado por completo el rostro del país. Cuando el gobierno norteamericano obligó a cerrar el consulado chino en Houston, arguyó que era un foco de espionaje y de operaciones para robar propiedad intelectual. Como es habitual, Washington no presentó ninguna prueba de la veracidad de sus acusaciones. Pero esa es una cuestión menor, que no oculta su crepuscular convicción: sólo robándole, ha podido China alcanzar a Estados Unidos. Como era de esperar, Pekín respondió, en virtud de la reciprocidad, con el cierre del Consulado General estadounidense en Chengdu.

segunda-feira, setembro 7

Viviendo sobre arenas movedizas

La crisis mundial provocada por la pandemia de la Covid-19 ha añadido más dramatismo a un Oriente Medio que continúa marcado por las guerras, las intervenciones militares estadounidenses, la represión política, el fanatismo religioso y los mercenarios, las ciudades destruidas y los campamentos de refugiados.

sexta-feira, abril 3

Manolis Glezos, uno de los nuestros

Mientras el mundo se miraba en el vértigo y el temor de la pandemia, nos llegaba la noticia de la muerte de Manolis Glezos, el rostro de la resistencia griega a quien el 30 de marzo le falló el corazón. También, como si la fatalidad no descansase, nos golpeaba el deceso, el mismo día, de Rafael Gómez Nieto, el último superviviente de la nueve, la IX compañía del general Leclerc, repleta de republicanos españoles, que liberó París de los nazis, muerto por el coronavirus, como si, llevándose a ambos,  la guadaña de un tiempo desolado nos enviara la advertencia y el recuerdo de una generación que supo resistir al fascismo y preservar entre sus ruinas la frágil estirpe de la fraternidad.

segunda-feira, fevereiro 26

Un rey para la Junta militar

Thailandia, bautizada por la cursilería de los empresarios del turismo como el “país de las sonrisas”, tiene tras ellas la mirada de los generales de una Junta Militar que fue capaz de imponer un golpe de Estado mientras declaraba que defendía la libertad y la democracia, y el rostro de un nuevo rey, déspota y autoritario, feroz experto en contrainsurgencia. Ello no impide que las gigantescas operaciones inmobiliarias que están llenando Bangkok de rascacielos, adornen las obras con desmesurados carteles a mayor gloria de Bhumibol, el rey finado, o de su hijo, el monarca Vajiralongkorn, un viejo soldado de la guerra fría, formado por Estados Unidos en la militancia contra el comunismo. Vajiralongkorn, el nuevo rey del país, no suscita ningún entusiasmo popular, pese a que la población thailandesa ha sido moldeada durante décadas en el fervor monárquico y en la adoración a Bhumibol, a quien el gobierno y el Consejo Real presentaron siempre como un ser casi divino, un rey amante de la ciencia y del arte, preocupado por el progreso de su pueblo, mientras ocultaban con celo extraordinario la oscura red de sus turbios negocios privados, dirigidos desde su palacio Chitralada, escondían las concesiones del gobierno, y encubrían que sus inversiones en muchos sectores de la economía contaban con información privilegiada y la corrupción. Bhumibol acumuló una gran fortuna, que la revista Forbes cifraba en 35.000 millones de dólares.