La primera contribuyó a persuadir a gran parte del público británico a
votar la semana pasada por alguien que es la personificación absoluta de
un ricachón de Eton
*, alguien que no solo ha mostrado un
completo desdén por la mayoría de quienes le votaron, sino que se ha
pasado toda la vida sin molestarse en ocultar dicho desdén. Para este
individuo, la política es un regodeo ególatra, un juego en el que
siempre son los otros quienes pagan el precio y sufren, un empleo que le
corresponde por derecho de nacimiento y por su superior educación.
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